El Color de la Fiesta
“Nada es verdad y nada es mentira, todo se ve según el color del cristal con que se mira”. Nada más cierto, (valga la redundancia), para explicar como a variado la perspectiva de éstas fiestas navideñas a mi entender.
Recuerdo que siendo un niño, y con el prisma y el ángulo de visión que dicha infancia te permite, “Las Pascuas” empezaban con la ilusión de escuchar por radio y televisión a los niños de San Idelfonso, más dicha ilusión, no era porque tuviésemos conocimiento del juego de la lotería sino porque para nosotros, los niños, era el anuncio viviente del comienzo de unas vacaciones llenas de color, de armonía, de posibles nieves, de Belenes, de árboles multicolores.
Quizás fruto de la época en la que nos tocó vivir, la sensación que ahora percibo es de que, sobre todo la nochebuena, trascurría en un ambiente de recogimiento religioso; admirábamos atónitos los precioso Belenes con sus figuritas que , en ocasiones, parecían tener vida propia. Tras dicha noche y sin dejar en el camino el día 28, día de los Santos Inocentes” donde las bromas tomaban personalidad propia, nuestra ilusión iba increchendo para estallar el día de "noche vieja" y la llegada próxima de los “Reyes de Oriente” cargados de regalos.
Pues bien, el paso de los años, lógicamente, hace cambiar el color del cristal y sin intención alguna de ser pesimista (recuerden ustedes que un hombre pesimista no es mas que un optimista con experiencia) creo que el espíritu navideño se fue perdiendo en el camino. Estamos en la época del consumismo, ya no hace falta que los niños de San Idelfonso nos recuerden nada, ¡por Dios!, un mes antes ya se encargan de ello los grandes centros comerciales. La nochebuena se sigue viviendo en familia y el Belén se monta, vaya que si se monta, en cuanto alguno de los comensales suelta la incongruencia de turno. El día 28 pasa sin más y a lo sumo esperamos la gracia en la prensa y televisión. Total, que nos metimos en nochevieja sin pena ni gloria o quizas con más pena que gloria, para entonces casi nos vemos en la necesidad de mendigar limosna. Y hace aparición el nuevo año lleno de regalos, sube la Luz, el Gas, el Pan, los Transporte y la madre que los…
Y aquí me quedo señores, el día de Reyes casi ni lo menciono que ya me están sudando las manos y la cartera.
Pues eso, Feliz año Nuevo.
“Nada es verdad y nada es mentira, todo se ve según el color del cristal con que se mira”. Nada más cierto, (valga la redundancia), para explicar como a variado la perspectiva de éstas fiestas navideñas a mi entender.
Recuerdo que siendo un niño, y con el prisma y el ángulo de visión que dicha infancia te permite, “Las Pascuas” empezaban con la ilusión de escuchar por radio y televisión a los niños de San Idelfonso, más dicha ilusión, no era porque tuviésemos conocimiento del juego de la lotería sino porque para nosotros, los niños, era el anuncio viviente del comienzo de unas vacaciones llenas de color, de armonía, de posibles nieves, de Belenes, de árboles multicolores.
Quizás fruto de la época en la que nos tocó vivir, la sensación que ahora percibo es de que, sobre todo la nochebuena, trascurría en un ambiente de recogimiento religioso; admirábamos atónitos los precioso Belenes con sus figuritas que , en ocasiones, parecían tener vida propia. Tras dicha noche y sin dejar en el camino el día 28, día de los Santos Inocentes” donde las bromas tomaban personalidad propia, nuestra ilusión iba increchendo para estallar el día de "noche vieja" y la llegada próxima de los “Reyes de Oriente” cargados de regalos.
Pues bien, el paso de los años, lógicamente, hace cambiar el color del cristal y sin intención alguna de ser pesimista (recuerden ustedes que un hombre pesimista no es mas que un optimista con experiencia) creo que el espíritu navideño se fue perdiendo en el camino. Estamos en la época del consumismo, ya no hace falta que los niños de San Idelfonso nos recuerden nada, ¡por Dios!, un mes antes ya se encargan de ello los grandes centros comerciales. La nochebuena se sigue viviendo en familia y el Belén se monta, vaya que si se monta, en cuanto alguno de los comensales suelta la incongruencia de turno. El día 28 pasa sin más y a lo sumo esperamos la gracia en la prensa y televisión. Total, que nos metimos en nochevieja sin pena ni gloria o quizas con más pena que gloria, para entonces casi nos vemos en la necesidad de mendigar limosna. Y hace aparición el nuevo año lleno de regalos, sube la Luz, el Gas, el Pan, los Transporte y la madre que los…
Y aquí me quedo señores, el día de Reyes casi ni lo menciono que ya me están sudando las manos y la cartera.
Pues eso, Feliz año Nuevo.
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