jueves, junio 14, 2007



VALOR VERSUS HUEVOS

No deja de ser poco menos que curioso el hecho de que en este país que nos vanagloriamos de poseer el diccionario de la Real Academia con más vocablos del mundo, utilicemos el sustantivo “cojones” como sustituto de cualquier palabra sea esta sustantivo o adjetivo. Veamos; si tomamos la fotografía del gatito paseándose entre los “pastores alemanes”, lo primero que nos viene a la mente es: ¡que cojones tiene el gato!, craso error amigos míos, primero porque posiblemente lo que tenga el gato sea valor o ignorancia de su peligro y segundo porque en ningún momento se nos ha dicho que el animalito sea macho o hebra, sin embargo nosotros le ponemos cojones y todo arreglado. Si hablamos de fortaleza, tres cuartos de lo mismo, resulta que “Perurena” tiene dos cojones para levantar las piedras que levanta, que no, dos cojones tiene, supongo, pero no estamos hablando ahora de aparatos reproductores, sino de “fortaleza” o piensan ustedes que los “eunucos romanos” por el hecho de no tener dichas pelotillas eran menos fuertes.
Por no hablar de apuestas, que aquí, en el País Vasco, está a la orden del día. Y apostar, lo que se dice apostar, apostamos, pero somos tan chulos que no apostamos dinero, para qué, si nos sobra, aquí se apuesta cojones, sea uno, dos, tres o cuarto y mitad.
En resumidas cuentas, seamos menos bruticos y utilicemos el Diccionario de la Real Academia que para eso lo tenemos ¡COJONES!.

sábado, junio 02, 2007



EL TUNEL DEL TIEMPO

Queridos internautas aunque mis apariciones últimamente simulen al Guadiana desapareciendo para volver a aparecer, aun sigo con ustedes. En esta ocasión para hablarles del “túnel del tiempo”, si, como lo leen. Pero no nos engañemos, aunque esto de viajar en el tiempo es una fantasía que ¿quién no ha tenido siendo un niño?, todos sabemos la imposibilidad de navegar por dicho túnel. Ahora bien, como ésta vida esta llena de recursos, si realmente quieren viajar al pasado y disfrutar de dicho viaje, háganlo desplazándose hasta la ciudad de Roma.
Y, no, no me refiero con viajar al pasado, al hecho de poder sentirse un gladiador visitando el Coliseo ni a sentirse un César disfrutando de las vistas de Roma desde el Palatino, mi idea no es viajar en el túnel tantos siglos sino más bien unos pocos años. Me explico, el pasear por las calles del casco antiguo de Roma me ha hecho sentir estar viviendo en la España de hace 30 años, digo esto, porque ya tenía olvidado caminar por calles empedradas y estrechas, oliendo, al pasear por ellas, sus distintos aromas. Había olvidado cruzar las calles sorteando los vehículos o más bien dejando que ellos te sorteen a ti. Había olvidado esa falta de luminosidad en las calles que a más de una pareja le venia de perlas para prodigarse sus amores. Y... como no, había olvidado por completo la pequeña tienda de ultramarinos que regentaba una anciana mujer y que te vendía con toda la amabilidad del mundo cualquier artículo que necesitases. Es increíble, en esa zona de Roma se paró el tiempo y ahí su encanto.
Lo dicho súbanse la máquina del tiempo y disfruten de la ciudad del Vaticano.