¿POLÍTICA ECONÓMICA ACERTADA?
Extraído de un recorte de prensa. TOMEMOS NOTA
La política de recortar gastos y subir impuestos para reducir el déficit público condujo a Europa a la catástrofe durante los años treinta.
«Seguir predicando la salvación mediante la austeridad, mientras la economía se deteriora y los bancos se desploman, es repetir el clásico error del canciller alemán Heinrich Brünning en el periodo 1930-1932». La advertencia procede de Robert Skidelsky, catedrático emérito de Economía Política de la Universidad de Warwick, que se muestra francamente pesimista sobre el futuro de la zona euro tras el desmarque del Reino Unido en la última cumbre de la UE. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, ha apuntado también en esa dirección, recordando que «ninguna economía en el mundo, ya sea de ingresos bajos, emergente o superdesarrollada, va a ser inmune a la crisis que, no solo está desplegándose, sino aumentando su escalada».
Hace ocho décadas, el católico y monárquico Heinrich Brünning se enfrentó a una amenaza parecida en Alemania a la cabeza de un gobierno de centroderecha. La República de Weimar, que había asistido a la caída de los socialdemócratas, estaba dominada entonces por un «sentimiento de desesperación colectiva y desánimo individual”. Para disipar las incertidumbres sobre la solvencia germana, Brünning se propuso equilibrar las cuentas públicas, recortando gastos y subiendo impuestos directos e indirectos, mientras el desempleo alcanzaba a 4,7 millones de trabajadores, lo que suponía el 25% de la población activa.
«Las casas de empeño se multiplicaron, también los astrólogos, numerólogos y demás charlatanes», relata Ahamed. Las chabolas surgieron en los alrededores de Berlín antes que en Estados Unidos, aunque en la capital alemana los desheredados crearon sus propios ‘ayuntamientos’ y cocinas comunitarios. La tijera de Brünning, parecida a la exhibida el pasado viernes por el Gobierno de Mariano Rajoy, afectó a los subsidios por desempleo y a los salarios de la Administración. Los altos funcionarios vieron recortados sus ingresos un 20% y los de menor rango un 6%. Aumentaron el impuesto sobre la renta, y los del tabaco y la cerveza. Se creó un nuevo gravamen sobre los grandes almacenes y otro sobre el agua mineral. «Todas esas medidas empeoraron la Depresión», asegura Liaquat Ahamet.