Señorrrrr… que duro se hace retomar la eterna rutina una vez acabada las vacaciones, que este año, y dicho sea de paso, las he sabido estirar. El caso es que desde mediados de Junio hasta ahorita mismo he compaginado días de currelo con días de asueto.
Y claro…, con tanto ir y venir, he denotado ligeros cambios en cuanto a la forma de realizarlo. Me refiero a los viajes, obviamente, que después siempre encuentra uno mentes calenturientas que tergiversan mis escritos. Verán… quién no recuerda aquellos viajes tediosos donde batallábamos con nuestros hermanos dentro del habitáculo del olvidado seiscientos por conquistar esos escasos centímetros que por unos minutos daban un poco de alivio a nuestros entumecidos músculos, todo ello aderezado con un calor sofocante que unido al sudor de nuestra propia transpiración daban lugar a un caldo de cultivo digno para el mejor de los perfumes. Si a esta situación, unimos, los comentarios jocosos de la suegra cuando nos equivocábamos de ruta y la pesadez del puñetero perro que no sabía mantenerse quieto ni un segundo, teníamos una escena digna de cualquier culebrón.
Gracias a Dios, todo lo relatado pasó a la historia. En la actualidad nos cruzamos o adelantamos vehículos climatizados, cómodos, seguros y donde se encuentra bien delimitado los espacios para los peques y los animales. Pero lo que mas me llama la atención es esa pequeña pantallita situada en el parabrisas delantero que por arte de birlibirloque trae absortos a cuantos pasajeros transporta el vehiculo. El caso es que el popular G.P.S. (Global Positioning System) a tranquilizado hasta al perro que se limita a ladrar cuando escucha la voz de “Norma” decir… “a 200 metros tome la segunda a la derecha”.
El que suscribe, que últimamente se está digitalizando hasta la saciedad, da fe de la maravilla tecnológica del momento, aunque no en pocas ocasiones haya mantenido alegres discusiones con mi buen amigo Gerardo sobre la practicidad o no de dicho artilugio. Gerardo alude que debemos agilizar la materia gris cartografía en mano, mientras un servidor, que no tiene el coco para ruidos, se deja llevar por la tierna voz de “Norma”, con la ventaja, querido amigo, de que en caso de una confusión, dejamos sin argumentos a la suegra.
No se confunda nadie, ni trabajo para compañía vendedora de GPS alguna, ni cobro comisión por la propaganda, simplemente alucino desde mi mente analógica.
Un saludo internautas. Nos vemos.
Y claro…, con tanto ir y venir, he denotado ligeros cambios en cuanto a la forma de realizarlo. Me refiero a los viajes, obviamente, que después siempre encuentra uno mentes calenturientas que tergiversan mis escritos. Verán… quién no recuerda aquellos viajes tediosos donde batallábamos con nuestros hermanos dentro del habitáculo del olvidado seiscientos por conquistar esos escasos centímetros que por unos minutos daban un poco de alivio a nuestros entumecidos músculos, todo ello aderezado con un calor sofocante que unido al sudor de nuestra propia transpiración daban lugar a un caldo de cultivo digno para el mejor de los perfumes. Si a esta situación, unimos, los comentarios jocosos de la suegra cuando nos equivocábamos de ruta y la pesadez del puñetero perro que no sabía mantenerse quieto ni un segundo, teníamos una escena digna de cualquier culebrón.
Gracias a Dios, todo lo relatado pasó a la historia. En la actualidad nos cruzamos o adelantamos vehículos climatizados, cómodos, seguros y donde se encuentra bien delimitado los espacios para los peques y los animales. Pero lo que mas me llama la atención es esa pequeña pantallita situada en el parabrisas delantero que por arte de birlibirloque trae absortos a cuantos pasajeros transporta el vehiculo. El caso es que el popular G.P.S. (Global Positioning System) a tranquilizado hasta al perro que se limita a ladrar cuando escucha la voz de “Norma” decir… “a 200 metros tome la segunda a la derecha”.
El que suscribe, que últimamente se está digitalizando hasta la saciedad, da fe de la maravilla tecnológica del momento, aunque no en pocas ocasiones haya mantenido alegres discusiones con mi buen amigo Gerardo sobre la practicidad o no de dicho artilugio. Gerardo alude que debemos agilizar la materia gris cartografía en mano, mientras un servidor, que no tiene el coco para ruidos, se deja llevar por la tierna voz de “Norma”, con la ventaja, querido amigo, de que en caso de una confusión, dejamos sin argumentos a la suegra.
No se confunda nadie, ni trabajo para compañía vendedora de GPS alguna, ni cobro comisión por la propaganda, simplemente alucino desde mi mente analógica.
Un saludo internautas. Nos vemos.

1 comentario:
Efectivamente, sigo pensando que eso de ir con GPS a todos lados atonta el cerebro, por no hablar de la emocion que le quita al asunto. Perderse, en Amman por ejemplo, en plena noche y no tener mas que un mapa para guiarse, y el propio GPS para orientarse no tiene precio...
Publicar un comentario