LA LEYENDA DEL TOPO
No se asusten ustedes, no me estoy refiriendo a ninguna novela de espionaje o contraespionaje (a lo que tanto nos tiene acostumbrado la cinematografía americana), nada más lejos de la realidad. El caso es, que aprovechando unos días de descanso laboral, he decidido realizar un pequeño viaje por campos de Castilla, desde Salamanca hasta León pasando por la ciudad de Doña Urraca, que, dicho sea de paso, no se conquistó en una hora.
No es mi intención soltar una charla de arte sobre lo visto en dichas ciudades, para eso ya tenemos a los eruditos en la materia que se han encargado de reflejar con todo género de detalles los pormenores de la historia y construcciones de la época en sus libros.
Sin embargo, y a sabiendas de que lo que voy a relatar, lógicamente, también está en los libros, no puedo menos que hacer una mención a la susodicha “leyenda del topo”, que no es otra que la leyenda sobre “un pellejo” que cuelga en el interior de la Catedral de León, concretamente, sobre la puerta de San Juan.
Según se cuenta, el topo destrozaba lo construido a lo largo del día durante la noche en los primeros momentos de la magna obra del templo. Impacientándose los leoneses porque la obra de la prometida Catedral no avanzaba, decidieron acabar con aquel ser maligno que no dejaba avanzar los trabajos: algunos de ellos lo esperaron durante la noche y acabaron con él a garrotazos. En recuerdo de aquel acontecimiento y en agradecimiento a la Virgen María, titular del templo, la piel del animal fue colgada en el interior de la Catedral, sobre la citada puerta, en la fachada Oeste.
La realidad que esconde la leyenda es que las obras de la Catedral de León se encontraron con numerosos problemas de cimentación, sobre un terreno muy inestable que, ya por entonces, había acogido muchas y diversas construcciones. A ello se unía la hoy de sobra demostrada mediocre calidad de la piedra empleada, traída de la localidad de Boñar, en la montaña leonesa.
Curioso, verdad, ¿y si lo aplicásemos en la actualidad para subsanar la tardanza en el acabado de ciertas obras, emprendiéndola a garrotazos con algún topo? Es broma, no se les ocurra, eso sólo se daba en el siglo XIII.
Señor… que cosas…
Desde este lugar del Planeta. Un saludo
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